Contigo nunca es suficiente
Ya de vuelta en la cama nos volveríamos a entregar al sueño; siempre abrazados, y si no, nuestros cuerpos en permanente contacto el uno con el otro. Transcurridas las horas (que a pesar del poco tiempo del que disponíamos, siempre se hicieron maravillosamente eternas), venía mi lu

Luego un desayuno apurado para volver a separarnos, físicamente, porque hasta hoy, a dos días de tu lejano regreso a casa, sigues y seguirás estando presente en mi pensamiento. Y lo estás en cada rincón de esta enorme ciudad, porque si bien no tuvimos tiempo para recorrerla por completo, cada esquina, cada estación de metro, me recuerda a ti. Y cuanta razón tenías en decir que tengo buenos reflejos, cuando en nuestro inolvidable viaje a la playa respondí, en un excitante juego de paletas, (porque la pareja de españoles jugaba muy bien, hay que reconocerlo, pero no con el entusiasmo que dos latinos como tú y yo le ponían al juego), una jugada que creíste ganada; si no, el día de tu llegada a Santiago no te habría encontrado, con la rapidez de mi mirada, en un tren su

Y si bien nuestro reencuentro estuvo algo limitado, siempre hubo tiempo y espacio para nosotros dos, si no, no habría descubierto que las circunstancias también tienen sentimientos, porque quién si no ellas mismas hicieron posible nuestro viaje a la playa, ése que antes de llegar a concretarse nos puso en riesgo y a prueba; además de hacernos decir más de alguna palabra indeseada. Quién si no ellas mismas nos regaló una noche para nosotros solos.
Y nuestra corta, pero intensa relación anota ya una película: “Vicky, Cristina, Barcelona”, (en esa película soy el personaje interpretado por Penélope Cruz, María Elena. Creo que has contado ya demasiado de la película). Una banda sonora: El baile y el salón, Café Tacuba; Strawberry

Y podría seguir enumerando la larga lista de detalles, de innumerables detalles, tantos como los millones de milésimas de segundos que pasamos juntos, pero nunca más como los muchos besos que nos dimos.